martes, 1 de febrero de 2011

MI ABUELA

Ésta es mi abuela Aura Chaverri, de 99 años de edad, pequeñita de estatura pero con una inmensa historia guardada en lo profundo de sus pensamientos.

Me conmueve tanto verla en estos momentos, con su figura caída, su expresión cabizbaja, su voz endeble y su cuerpo inestable; sentada en un sillón, tratando de incorporarse para poder ver el rostro de la gente que está a su lado.

Una mujer que siempre tuvo una energía que muchos jóvenes desearían tener; una mujer con muchas ganas de ayudar, con ansias de aprender y enseñar lo aprendido; siempre creativa e ingeniosa.

Tantos momentos hermosos que compartimos los nietos gracias a su empeño, amor y dedicación al arte.

Recuerdo esas presentaciones familiares que ella misma organizaba, nos enseñaba canciones y zarzuelas españolas, con las que nos motivaba a actuar. Aunque éramos unos niños inexpertos, nos organizaba y nos dirigía para que hiciéramos un buen papel ante los invitados, y es que no sólo trataba de que actuáramos bien, sino que también se preocupaba porque cantáramos sin desafinarnos. Recuerdo que ella misma nos hacía los vestuarios, buscaba de entre algunas cajas algunos sobros de telas, camisas y vestidos viejos y con mucho esmero se ponía a coser los trajes, era increíble su empeño para que todo saliera bien.

Además de las presentaciones familiares, ella misma nos preparaba para que cantáramos villancicos en Navidad; recuerdo que era muy estricta, era inadmisible algún tipo desafinación y no nos permitía cantar de manera nasal, era totalmente antiestético.

Le encantaba hacer manualidades, por lo que no era extraño verla trabajando en algún farol para el desfile del 14 de setiembre o haciendo casitas de cartón para su inmenso Portal, en Navidad.

Años después, cuando su cuerpo ya le impedía estar mucho tiempo de pie y sus manos no tenían la misma agilidad, empezó a tener un pasatiempo interesante: coleccionar refranes; era común verla escribiendo y leyendo en su libreta; constantemente nos llamaba para preguntarnos si habíamos encontrado alguno nuevo para la colección y a la vez nos leía los nuevos que había encontrado.

Además de ser una mujer con gran imaginación para el arte escénico, era una mujer que sabía escribir. En su casa se pueden encontrar algunos cuadernos con textos suyos, por lo general eran poemas dirigidos a alguna persona en especial. Le gustaba hablar bien de la gente y plasmarlo en escrito. Hay un hermoso poema que hace diez años ella dedicó a mi abuelo cuando falleció.

Abuela ha sido un pilar muy importante en nuestra familia. Ha sabido batallar en la vida. Hace 21 años, a sus 79 años, su salud fue sorprendida por una úlcera, la cual hizo que estuviera apunto de dejar este mundo, pero su fuerza, su confianza, su energía pudieron contra todo y por eso es que está todavía con nosotros.

Hoy la vemos y no es la misma de hace unos años, casi no habla, casi no mira a los ojos, es un cuerpecito inestable; pero dentro de ella se guardan grandes tesoros que sus hijos y nietos esperamos haber heredado, como son la sabiduría, la creatividad, la energía, el valor, la perseverancia, el respeto por los demás y por sí mismos.

Abuela, una mujer como ninguna, todavía está con nosotros, no sabemos hasta cuándo, pero confiamos en que existe alguna razón por la que ella no ha dejado esta Tierra que la vio nacer.

A continuación, poema EL TECLADO MUDO, escrito por mi abuela en el año 2000 por la muerte de mi abuelo, el pianista: Miguel Ángel Quesada

El Teclado Mudo

Por Aura María Chaverri de Quesada

Pasan meses, semanas, días, horas,

el teclado duerme, el teclado llora.

Horas de esperanza, minutos sombríos

Y las teclas negras y las teclas blancas

suspiran en silencio y melancolía.

El pentagrama ... lágrimas derrama,

callan los bemoles y los sostenidos.

Acordes, cadencias, arpegios y trinos

dejan el teclado apagado y triste…

Bajan los pedales, el forte y el piano.

El atril se inclina

y el cubreteclado de luto se viste.

Trenzan coronas, fusas y corcheas.

Con emoción recuerdan alumnos y amigos

cuando surgió el Maestro, cuando brotó el rebaño,

que enchido del néctar del Arte Sublime

las vertió en celo y sabiduría,

la savia absorbida de Grandes Maestros.

Callan los bemoles y los sostenidos.

El portón del cielo en forma de lira

lo abre la patrona Santa Cecilia.

Doblan las campanas del campanario,

se escuchan los ecos del “Réquiem” de Mozart,

de Bach el “Clave”, de Chopin suspiros.

Y las teclas negras y las teclas blancas

con sutil destreza,

desgranan las cuentas del Santo Rosario.



1 comentario:

  1. Doña Aura... me siento enternecida por ese espíritu sensible suyo que tan pronto nos conmueve con cosas tan tiernas como nos sorprende..o sorprendía con sus típicas "salidas" ingeniosas llenas de humor...
    Qué bonito Amanda, qué bonito que ahora nos sorprende la nieta heredera al parecer de esa vena artística...Es de alegrarse y agradecer cómo con tus palabras nos has suavizado el corazón...

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